Orando por Salvación

Dios le dijo a Jonás que fuera a Nínive y predicara, pero se negó. A causa de su desobediencia, se encontró en el vientre de un pez orando por su salvación (Jonás 2). 

Jonás fue a Nínive y para su desilusión ellos se arrepintieron y Dios cedió en su intención. Jonás sabía que Dios iba a salvar a los ninivitas si se arrepentían, y él no quería que estos enemigos de Israel se salvaran. Percibiendo su ira, Dios le dio a Jonás una lección objetiva. Si se justificaba que Jonás estuviera molesto por la pérdida de una planta de cuya existencia en nada había contribuido, ¿no se justificaba que Dios mostrara amor y preocupación por la gente de Nínive, a quienes había creado?

La historia de Jonás nos obliga a examinar nuestros propios corazones. ¿Queremos que el juicio de Dios caiga sobre toda la gente perdida de este mundo, o queremos que se arrepientan y crean? 

Si los perdidos son nuestros enemigos, entonces la pregunta pone a prueba nuestro carácter. 

¿Tenemos un corazón como el de Jonás o tenemos un corazón como el de Dios? 

No todos somos llamados a ser misioneros o evangelistas de tiempo completo, pero todos somos llamados a compartir nuestra fe y a orar. 

Hay dos principios que necesitamos saber para poder orar eficazmente por los perdidos:

  1. Jesús dijo: «A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mateo 9:37-38). Si usted tiene carga por orar por alguien o algún grupo de personas que no conocen al Señor, entonces pídale a Dios que les envíe un mensajero. Dios tiene que trabajar a través de las vías que Él estableció para la salvación de los perdidos en este mundo. En Romanos 10:14-15, Pablo explica en qué consiste el proceso: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?».
  2. Juan escribió: «Si alguno ve a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida» (1 Juan 5:16). El contexto de este pasaje habla claramente acerca de la vida espiritual y la muerte, no de la vida física y la muerte. La gente perdida de este mundo está muerta en sus delitos y pecados. Jesús vino para que tengamos vida. Así que Juan nos está diciendo que le pidamos a Dios que les dé vida eterna. Nuestras oraciones no los salvan. Son salvados por su propia fe personal en la obra terminada de Cristo. Sin embargo, en Su soberanía, Dios ha elegido llevar a cabo Su plan de salvación a través de la Iglesia. Nosotros decidimos creer, pero Dios es quien nos salva. Dios obra milagrosamente en respuesta a nuestras oraciones, incluyendo la salvación de las almas.

-Dr. Neil

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