
Después de advertirnos acerca de los falsos maestros y la impiedad de los últimos días, Judas escribió: «Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo» (Judas 20).
Pablo también nos exhorta a «Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Efesios 6:18).
Sólo podemos orar de manera efectiva según el Espíritu Santo nos va mostrando y sólo podemos orar en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esto no quiere decir que simplemente terminamos una oración diciendo: “en el nombre de Jesús oro”. Significa que oramos de una manera que sea consistente con la naturaleza y propósito de Jesús. «En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él» (Efesios 3:12).
Si vamos a orar en el Espíritu, necesitamos ser llenos del Espíritu (Efesios 5:18-20).
Entonces el Espíritu Santo nos capacita para orar como lo explica Pablo en Romanos 8:26: «De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles».
La palabra traducida «ayuda» es sunantilambano en el idioma griego. Tiene dos preposiciones antes del verbo lambano, que significa tomar. Pablo dice que el Espíritu Santo viene a nosotros, nos levanta, y nos cruza hasta el otro lado, es decir, a Dios. El hecho de que no sabemos realmente cómo o por qué orar demuestra nuestra debilidad. La oración que Dios el Espíritu Santo nos impulsa a orar es la oración que Dios el Padre siempre responderá. Él nos dirige a orar conforme guía nuestros pensamientos. Su guía puede ser tan profunda que las palabras no pueden expresar lo que percibimos en nuestros corazones. El Espíritu Santo conoce nuestros corazones y conoce la voluntad de Dios.
El Espíritu Santo no sólo nos ayuda a orar, sino que intercede por nosotros. Dos miembros de la Trinidad están continuamente orando por nosotros. Juan dice: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo» (1 Juan 2:1). Según Pablo, «Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Romanos 8:34).
Tenemos más ayuda de lo que podríamos comprender, y no hay razón para que no podamos orar sin cesar. Sólo pídale a Dios que lo llene con Su Espíritu Santo y comience a darle gracias por todo lo que Él es y por todo lo que Él ha hecho por usted. Luego, deje que el Espíritu Santo revele a su mente la voluntad de su Padre Celestial. Él sabe por qué orar, y Él continuará guiándolo a lo largo del día mientras usted practica la presencia de Dios.
-Dr. Neil





Deja un comentario