La Oración Eficaz

Lo que el hombre no puede hacer en una eternidad, Dios lo puede hacer en un instante, y lo hace en respuesta a nuestras oraciones.

Thomas Chalmers dijo: «La oración no nos habilita para hacer un mejor trabajo para Dios. La oración es un mejor trabajo para Dios».

Samuel demostró este principio cuando dijo: «Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros ojos» (1 Samuel 12:16).

Dios no hizo nada hasta que «Samuel clamó a Jehová» (vs. 18).

Santiago dijo: «La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto» (Santiago 5:16-18).

Tanto Samuel como Elías eran justos, y es por eso que fueron eficaces en la oración, pero en todo lo demás no eran diferentes de los demás.

Nunca vamos a ser eficaces en la oración, si acudimos a Dios en situaciones de emergencia y luego volvemos a manejar nuestras propias vidas cuando la crisis pasa. Eso haría que la oración fuera una última opción en vez de nuestra primera opción. No es apropiado pedirle a Dios que bendiga nuestros planes. Le pedimos a Dios humildemente que nos revele Sus planes.

Dios es capaz de hacer cualquier cosa que sea consistente con Su naturaleza. La pregunta es, ¿lo hará? Nunca lo sabremos a menos que le pidamos. La oración no consiste en vencer la renuencia de Dios. Es echar mano de Su buena voluntad.

«Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho» (1 Juan 5:14-15).

Nuestras oraciones siempre serán eficaces si nuestras peticiones e intercesiones están de acuerdo con la Palabra de Dios.

Pablo nos instruyó que estemos velando y orando en el Espíritu por todos los santos (Efesios 6:18). La oración es parte de nuestra protección divina como creyentes.

Necesitamos responder de inmediato en oración a instancia del Espíritu y de las peticiones de nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Además, Pablo nos dice: «Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad» (1 Timoteo 2:1-2).

Samuel consideraba un pecado contra Dios no orar por los demás (1 Samuel 12:23).

Sin embargo, sólo podemos pedirle al Señor que haga a través de otros lo que estamos dispuestos a que el Señor haga a través de nosotros. Sólo en la medida en que hemos sido probados y aprobados podemos pedir en nombre de los demás. Ni Cristo ni el Espíritu Santo pueden interceder por medio de nosotros en un nivel más alto si primero no han tenido la victoria en nosotros en aquella área.

Cristo es el intercesor perfecto, porque Él tomó el lugar de cada uno por los que se ha orado.

Dr. Neil

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