
Por: Gonzalo Jiménez
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:28-30 (RVR60)
En la mitología griega, Sísifo fue un rey astuto que, debido a sus engaños, recibió un castigo eterno de los dioses. Fue condenado a empujar una enorme roca cuesta arriba por una colina. Sin embargo, cada vez que estaba a punto de alcanzar la cima, la roca rodaba de nuevo hacia abajo, obligándolo a comenzar de nuevo. Este castigo simboliza una lucha interminable, un esfuerzo inútil que nunca logra un propósito o descanso.
¿No se asemeja esto a la vida cuando intentamos vivirla sin Cristo? Muchas veces, al igual que Sísifo, empujamos nuestras propias rocas: los problemas, el pecado, la culpa o las preocupaciones. Buscamos alcanzar la felicidad, el éxito o el reconocimiento por nuestras propias fuerzas, pero al final, todo parece desmoronarse. La roca siempre vuelve a caer, y nos encontramos nuevamente agotados y sin esperanza.
La Biblia enseña que el pecado y nuestra autosuficiencia son como esa pesada roca que llevamos encima. Romanos 6:23 nos dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Esto significa que, sin Cristo, nuestras fuerzas nunca serán suficientes. Estamos destinados a una vida sin propósito eterno, cargando con el peso de nuestras fallas y errores.
Además, el libro de Proverbios nos advierte: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).
A menudo pensamos que podemos resolver todo con nuestra propia capacidad, pero este camino nos lleva a más frustración, vacío y desesperanza.
Jesús nos ofrece una alternativa completamente diferente. Él nos invita a dejar nuestras cargas en Sus manos. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar,” dice Mateo 11:28.
Jesús no nos pide que empujemos esa roca solos. Él ya llevó el peso del pecado por nosotros en la cruz. Su yugo es fácil y Su carga ligera porque Él nos da fuerza y dirección. En Cristo encontramos propósito.
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Juan 8:36 (RVR60)




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