
- El perdón es lo que nos libera del pasado.
- Lo que se gana con el perdón es la libertad.
- No sanas para perdonar. Perdonas para sanar.
- Perdonar es dejar en libertad al cautivo y luego entender que tú mismo eras el cautivo.
- No perdonas a los demás para el bien de ellos; lo haces por tu bien.
- Quizás los que tú perdones nunca se den cuenta que has decidido dejarlos fuera de tu anzuelo.
- El perdón es la fragancia que queda en el pie que pisó la violeta.
- Pide al Señor que te revele a qué personas tienes que perdonar: Luego escribe en una hoja los nombres de quienes te han ofendido. De los centenares de personas que han hecho esta lista en mi oficina de consejería, 95% puso al papá y a la mamá como números uno y dos. Tres de cada cuatro nombres que ocupan el primer lugar en la mayoría de las listas son familiares cercanos. Al hacer la lista las dos personas olvidadas son Dios y tú mismo. Respecto de tu relación con Dios, solo Él puede perdonar tus pecados, y Él nunca ha pecado. No siempre hemos aceptado su perdón, y a veces tenemos amargura contra Dios porque hemos tenido falsas expectativas de Él. Tenemos que liberar a Dios de esas falsas expectativas y recibir el perdón de Dios.
- Reconoce el daño y el odio: Mientras elaboras la lista de personas que necesitas perdonar, declara específicamente qué les perdonas (por ejemplo, rechazo, falta de amor, injusticia, falta de equidad, abuso físico, verbal, sexual o emocional, traición, abandono, etcétera). Además, declara cómo te hicieron sentir las ofensas. Recuerda: no es pecado reconocer la realidad de tus emociones. Dios sabe exactamente cómo te sientes, sea que lo reconozcas o no. Si sepultas tus sentimientos eludirás la posibilidad de perdón. Debes perdonar de todo corazón.
- Comprende el significado de la cruz: La cruz de Cristo hace que el perdón sea legal y moralmente justo. Jesús cargó con el pecado del mundo, incluidos los tuyos y los de las personas que te han ofendido, y lo hizo de una vez para siempre (Hebreos 10:10). El corazón clama: «No es justo. ¿Dónde está la justicia?» Está en la cruz.
- Decide que llevarás la carga del pecado de cada persona: (Gálatas 6:1,2). Esto significa que no te vengarás en el futuro utilizando contra ellos la información que tienes acerca de su pecado (Proverbios 17:9; Lucas 6:27-34). Todo verdadero perdón es substitutivo, como lo fue el perdón de Cristo para nosotros. Eso no significa que toleras el pecado o te niegues a testificar en un tribunal. Quizás debas hacer eso para que prevalezca la justicia. Asegúrate primero que has perdonado a esa persona de todo corazón.
- Decide perdonar: El perdón es una crisis de la voluntad, una decisión consciente de sacar a la otra persona del anzuelo y liberarte del pasado. Quizás no sientas deseos de hacerlo, pero es bueno por tu bien. Si Dios dice que perdones de corazón, ten por seguro que Él te ayudará. La otra persona puede estar en el error y estar sujeta a la disciplina de la iglesia o bajo una acción legal. Esa no es tu preocupación principal. Tu primera preocupación es recibir la libertad de tu pasado y detener el dolor. Haz esta decisión ahora; tus sentimientos de perdón vendrán con el tiempo.
- Presenta tu lista a Dios y ora como sigue: «Perdono a (nombre) por (lista de las ofensas y cómo te sentiste}». No pases a la siguiente persona de la lista hasta que hayas recordado y presentado específicamente cada dolor. Eso incluye todo pecado de comisión o de omisión. Si has sentido amargura contra esa persona por algún tiempo, debes buscar un consejero cristiano o un amigo de confianza para que te ayude en el proceso. No digas: «Quiero perdonar de esta manera» o «que el Señor me ayude a perdonar de esta o aquella manera». Eso es eludir tu responsabilidad y decisión de perdonar.
- Destruye la lista: Ahora eres libre. No digas a los ofensores lo que hiciste. La necesidad de perdonar a los demás es un asunto entre tú y Dios solamente. La persona a quien necesitas perdonar podría ya estar muerta. El perdón podría conducirte a la reconciliación con algunos, pero que ello ocurra no depende enteramente de ti. Tu libertad en Cristo no puede depender de terceros a quienes no tienes el derecho ni la capacidad de controlar.
- No esperes que tu decisión de perdonar resulte en cambios importantes en la otra persona: Más bien ora por ellos (Mateo 5:44) para que también encuentren la libertad de perdonar (2 Corintios 2:7).
- Trata de entender a las personas que has perdonado, pero no racionalices su conducta: Eso podría llevar a un perdón incompleto. Por ejemplo, no digas: «Perdono a mi padre porque sé que él realmente no tenía esa intención». Eso sería excusarlo y eludir tu dolor y la necesidad de perdonarlo de corazón.
- Espera resultados positivos del perdón en ti: Con el tiempo aprenderás a pensar en las personas sin que te despierten emociones primarias. Eso no significa que te gustarán los que son abusivos. Significa que estás libre de ellos. Los antiguos sentimientos pueden tratar de reciclarse. Cuando eso ocurre, detente y da gracias a Dios por su provisión y no vuelvas a acoger las antiguas ofensas. Ya las trataste; déjalas ir.
- Da gracias a Dios por las lecciones aprendidas y la madurez alcanzada como resultado de las ofensas y por su decisión de perdonar a los ofensores (Romanos 8:28, 29).
- Acepta la parte de culpa que te corresponde por las ofensas sufridas: Confiesa tu falta ante Dios y a los demás (1 Juan 1:9) y comprende que, si hay alguien que tiene algo contra ti, debes ir ante esa persona y reconciliarte. (Mateo 5:23-26)
Por: Neil Anderson




Deja un comentario