Identificando al líder

“…habrá falsos maestros entre ustedes. Ellos enseñarán con disimulo sus dañinas ideas, negando de ese modo al propio Señor que los redimió; esto les atraerá una rápida condenación” (2 Pedro 2:1).

¿Qué viene a tu mente cuando escuchas los términos “falsos profetas” y “falsos maestros”?

Muchos tienden a pensar en los místicos y gurúes orientales, los voceros de las religiones que no son bíblicas o en los dinámicos líderes de las sectas, personas todas reconocidas por estar fuera de las fronteras de la Iglesia cristiana.

Pero el apóstol Pedro dedicó todo un capítulo de una de sus cartas (2 Pedro 2) a los falsos profetas y maestros que operan dentro de la iglesia. Los falsos maestros pueden trabajar en nuestras iglesias disfrazados de obreros de la justicia.

Fíjate en que el cebo principal que usan los falsos maestros no se relaciona a sus doctrinas:

«Muchos los seguirán en su vida viciosa, y por causa de ellos se hablará mal del camino de la verdad.» (2 Pedro 2:2)

¿Qué quiere decir Pedro con que «Muchos los seguirán en su vida viciosa»?

Pues el apóstol habla aquí de los cristianos que evalúan un ministerio basándose en la apariencia exterior y el encanto de sus dirigentes. Decimos «él es tan simpático»; «ella tiene mucho carisma»; «realmente él es todo un orador dinámico»; «ella es tan dulce y parece tan sincera»

¿Pero constituye criterio bíblico el atractivo físico o la personalidad dulce para convalidar un ministerio o un maestro?

¡Por supuesto que no! La cuestión siempre es verdad y justicia. El líder cristiano debe identificarse por su compromiso a la verdad, su vida justa y su corazón de siervo.

Amado Dios, no permitas que desempeñe los roles estelares; yo sólo quiero vivir para Ti.

Mantenme responsable de darte cuentas como persona de verdad, justicia y amor, siempre temerosa de desacreditar tu Nombre.

Dr. Neil

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