
“Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no cometan pecado. Aunque si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo, y él es justo.” 1 Juan 2:1 DHH
Las personas apresadas en el ciclo del pecado -confesión-pecado-confesión terminan por perder las esperanzas de poder, alguna vez, experimentar alguna victoria real sobre el pecado. La sola fuerza de voluntad no puede impedirles repetir el pecado que acaban de confesar; Satanás derrama la condenación sobre ellas. El dominio propio parece una ilusión y la vida cristiana es un continuo sube y baja.
Suponga, ahora, que hay una puerta que se le mandó no abrir. Al otro lado de la puerta hay un perro que insiste repetidamente, «vamos, déjame entrar. Todos me dejan pasar. Te mereces un buen rato ¿Quién se va a enterar? Puedes salirte con la tuya».
Abres la puerta y el perro entra ladrando y te muerde la pierna; este perro cambia su argumento irónica e instantáneamente, «Tú me abriste; yo tengo derecho a estar a aquí ¡Nunca te saldrás con la tuya pues no te soltaré!» Si esto te pasara, ¿golpearías al perro o te pegarías a ti mismo?
El pecado al cual permitimos reinar es como el perro que muerde la pierna sin soltarla. No te das cuenta que hay un perro, te golpeas a ti mismo por haber abierto la puerta y clamas a Dios que te perdone.
Dios te perdona pero el perro sigue ahí ¿Por qué no clamas a Dios y golpeas al perro en lugar de pegarte a ti mismo?
Santiago 4:7 nos dice “Sométanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y este huirá de ustedes” Santiago 4:7 DHH
Tenemos la razón al confesar nuestro pecado pero fracasamos al no aplicar la fórmula bíblica completa que rompe el ciclo: pecar-confesar-resistir.
Primero debemos asumir nuestra responsabilidad por abrir la puerta, luego, debemos resistir a Satanás mandándole irse, si queremos triunfar sobre el pecado. Vivimos como si Dios y la humanidad enferma fueran las únicas realidades del reino espiritual.
Debemos volvernos a nuestro justo Abogado (1 Juan 2:1) y resistir a nuestro pervertido adversario si queremos triunfar sobre la tentación y el pecado y ser libres.
Señor, muéstrame dónde he abierto la puerta de mi vida al pecado para que lo confiese a Ti y en tu precioso Nombre mande irse a Satanás.
Dr. Neil Anderson




Deja un comentario