¿Y QUIEN SOY YO?

Escrito por: Luz Miriam Scarpeta

«Pero Moisés le dijo a Dios: ¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas? Éxodo 3:11

El día que Dios le hizo el llamado a Moisés para asignarle una misión que cambiaría el curso de la historia, Moisés con temerario descoco, le contesta al Creador de los cielos y de la tierra, al que lo formó desde que estaba en el vientre de su madre y que lo conoce bien, al mismo que lo salvo de las aguas y lo cuido mientras vivía en la mansión del faraón, el soberano de Egipto: ¿Y quién soy yo?, como si Dios no lo supiera.

Cuántas veces Dios nos ha llamado a hacer algo, para servirle: a predicar Su Palabra, a cumplir con la gran comisión y le respondemos con el síndrome de Moisés ¿Quién soy yo?

Cuando así respondemos sólo damos muestras de la falta de identidad que tenemos como Hijos de Dios, todavía calificándonos en la escala del mundo, que nos dice que para ser alguien se necesita: Ser dirigente de alguna organización, tener dinero, tener poder, ser profesional, ser ejecutivo, tener facilidad de expresión o pertenecer a las altas esferas de la sociedad, vivir en los barrios de los mal llamados «Ricos», tener lujosas casa y carros y vestirse como el rin rin renacuajo muy tieso y muy majo con marcas de tajo.

Y qué de nosotros que pertenecemos a la mejor familia, a la de Jesucristo, los que estamos sentados con Cristo en lugares celestiales, los que tenemos una morada en el cielo y nos vestimos de lino fino y resplandeciente.

Cuándo la gente nos aborda para menospreciarnos y volvernos una alfombra por donde pasar, se nos olvida quiénes somos. Hemos fallado, nos hemos dejado asustar por el mundo o peor aún por cristianoides de mentalidad frívola.

Todavía tenemos miedo a los «poderosos», aún sentimos temor de sentarnos a la mesa con alguien que tiene dinero o poder como si eso lo fuera todo. El cristiano moderno no teme faltar a La Palabra de Dios con tal de agradar y satisfacer los requerimientos del mundo.

Se nos olvida que “el que hizo la promesa es fiel” y nos dijo que: “si confiamos en Él, jamás seremos avergonzados” y preferimos descansar en el hombre a quien nada le cuesta ridiculizarnos y humillarnos delante de los demás.

Hoy el Señor quiere que te levantes como un verdadero Hijo de Dios, que tiene clara su identidad en Cristo, Si Dios creyó en ti y te llamó y te ha hecho partícipe de Su salvación, si Dios te ha dado el privilegio de conocerlo y tener una relación personal con Él, qué te puede importar que el hombre te desprecie. La bendición se la pierde quien no tiene idea de lo que significa disfrutar el privilegio de pasar un momento con un verdadero Hijo de Dios.

«Así dice tu Señor y Dios, tu Dios, que aboga por su pueblo: «Te he quitado de la mano la copa que te hacía tambalear. De esa copa, que es el cáliz de mi furia, jamás volverás a beber. La pondré en manos de los que te atormentan, de los que te dijeron: «¡Tiéndete en el suelo, para que pasemos sobre ti!» ¡Y te echaste boca abajo, sobre el suelo, para que te pisoteara todo mundo!»» Isaías 51: 22-23

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