
Yo sé que no puedo salvarme a mí mismo, ni ser libre por mis propios esfuerzos y recursos.
- Por lo tanto, pongo toda mi confianza y certeza en el Señor y no pongo ninguna confianza en la carne. Cuando sea tentado a vivir mi vida independiente de Dios, declararé que sin Cristo no puedo hacer nada. Sé que la rebelión es como pecado de adivinación, y la insubordinación, como iniquidad e idolatría.
- Por lo tanto, elijo conscientemente someterme a Dios y resistir al diablo. Me negaré a mí mismo, tomaré mi cruz cada día y seguiré a Jesús. Yo sé que Dios se opone a los soberbios y da gracia a los humildes.
- Por lo tanto, elijo humillarme ante la poderosa mano de Dios, para que Él me exalte a su debido tiempo. Sé que la ley no es capaz de impartir vida ni darme victoria sobre el pecado.
- Por lo tanto, por la gracia de Dios, elijo creer que estoy vivo en Cristo y muerto al pecado. Me propongo caminar por fe en el poder del Espíritu Santo. Sé que mis acciones no determinan quién soy, sino lo que soy determina lo que hago.
- Por lo tanto, elijo creer la verdad de que ahora soy un hijo de Dios, que es incondicionalmente amado y aceptado. Como hijo de Dios, sé que estoy bajo el Nuevo Pacto de la gracia.
- Por lo tanto, elijo creer que el pecado ya no se enseñorea sobre mí. Estoy espiritualmente vivo y no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Sé que he programado mi mente nocivamente y he utilizado mi cuerpo como un instrumento de injusticia.
- Por lo tanto, renuncio a todo uso injusto de mi cuerpo. Presento mi cuerpo a Dios como un sacrificio vivo, y me propongo ser transformado por la renovación de mi mente. Sé que mis pensamientos no han sido puros.
- Por lo tanto, me propongo llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, y a elegir pensar en lo que es verdadero, honorable, justo, puro y amable. Sé que voy a enfrentar muchas pruebas y tribulaciones.
- Por lo tanto, me comprometo a crecer a través de los tiempos difíciles creyendo que todo lo puedo por medio de Cristo que me fortalece. Sé que es más bienaventurado dar que recibir.
- Por lo tanto, elijo adoptar la actitud de Cristo, que era no hacer nada por egoísmo o por vanagloria. Con humildad de mente consideraré a los demás como más importantes que yo mismo, y no sólo ver por mis propios intereses personales, sino también por los interés de los demás.
Dr. Neil




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