Identidad pervertida


Dr. Neil Anderson

“Reciban abundancia de gracia y de paz mediante el conocimiento que tienen de Dios y de Jesús, nuestro Señor. Dios, por su poder, nos ha concedido todo lo que necesitamos para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas” (2 Pedro 1:2,3)

Si nuestra identidad en Cristo es la llave de la integridad, tú te preguntarás «¿Por qué tantos creyentes experimentan dificultades con su propia valía, su crecimiento espiritual y su madurez?». Porque hemos sido engañados por el diablo. Nuestra identidad en Cristo ha sido pervertida por el mismísimo gran engañador.

Este engaño me quedó claro hace unos pocos años, en ocasión de aconsejar a una niña cristiana que era víctima de opresión satánica. Le pregunté, «¿quién eres?» y ella contestó «soy mala».

«No, no eres mala, ¿cómo podría ser mala una hija de Dios? ¿Así es como te percibes?» Ella asintió.

Puede que la niña haya hecho cosas malas, pero no era mala. Esta niña basaba su identidad en el cimiento erróneo. Ella dejaba que las acusaciones del diablo sobre su conducta influyeran la percepción de su identidad en lugar de, por el contrario, dejar que su identidad de hija de Dios en Cristo influyera su conducta.

Muchos cristianos se encuentran atrapados en el mismo hoyo. Fallamos y nos percibimos como fracasos, lo cual hace solamente que fallemos más. Pecamos, nos percibimos como pecadores, lo cual hace solamente que pequemos más. Hemos caído en la trivial ecuación del diablo que nos ha engañado para que creamos que lo que hacemos es lo que somos. Esa falsa creencia nos mete en un remolino de desesperanza y derrota.

No te engañes. Tú no eres el producto de lo que haces o de lo que no haces. Tú eres el producto de quien es Cristo y su obra en la cruz. Tú no eres salvo por la manera en que te comportas sino por creer lo que nos confirma la Palabra de Dios, «Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios…Y todo el que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, de la misma manera que Jesucristo es puro» (1 Juan 3:2,3).

Amado Señor, ruego que hoy mi mente sea renovada por tu Palabra para que pueda superar la vieja programación carnal que he creído y por la cual he vivido.

Deja un comentario

Search

Latest Stories