Dr. Neil Anderson

“…Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)
Aconsejé, a comienzos de los 80, a una joven cristiana que languidecía en un profundo tormento emocional, mental y espiritual; ella escribió esto:
«Amado Dios, ¿Dónde estás? ¿Cómo puedes vigilar sin ayudarme? Me duele tanto y ni siquiera te importa. Tú harías que esto terminara o me dejarías morir si te importara. Te amo, pero tú pareces tan lejos. No puedo oírte ni sentirte ni verte, pero se espera que crea que estás aquí. Señor, yo los siento y los oigo; ellos están aquí. Dios, sé que tú eres real, pero ellos son más reales para mí en este momento. Señor, por favor, haz que alguien me crea ¿Por qué no detienes esto? ¡Por favor! ¡Señor, por favor! Si me amaras me dejarías morir.»
«Una oveja perdida.»
Muchos cristianos que trato están tan llenos de confusión que su camino diario con Cristo es improductivo e insatisfactorio. Cuando tratan de orar empiezan a pensar en millones de cosas que deberían hacer. Cuando se sientan a leer la Biblia no pueden concentrarse. Cuando tienen la oportunidad de servir al Señor de alguna manera, no avanzan mucho debido a que empiezan ocurrírseles pensamientos descorazonadores que les harán dudar de sí mismos.
«Oveja Perdida» encontró libertad en Cristo y, entonces, escribió la respuesta a su propia oración anterior, esta vez basada en su nueva comprensión de lo que Dios provee en Cristo.
«Mi Amada Oveja Perdida. Me preguntas dónde estoy. Hija mía, estoy contigo y siempre lo estaré. Tú eres débil, pero en mí eres fuerte. Yo estoy tan cerca que siento todo lo que tú sientes. Crucifícate conmigo y viviré en ti y tú en mí. Yo te dirigiré por sendas de rectitud. Hija mía, te amo y nunca te abandonaré, pues eres verdaderamente mía.»
«Con amor, Dios.»
Amante Pastor, te agradezco por cuidarme y alimentarme diariamente mostrándome que soy precioso para Ti.





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